
Este artículo es una contribución de Bryce MacGregor, estudiante del nivel intermedio en FLIO.
La crisis financiera que comenzó con la quiebra del mercado inmobiliario de los Estados Unidos ha llegado a ser un asunto importante en América Latina. El impacto de la crisis se siente más en los países más cercanos y pobres. En estos países, la pobreza y su proximidad a los Estados Unidos contribuyeron a la migración de trabajadores en una escala muy grande en las últimas décadas. Tanto es así que las remesas recibidas de estos emigrantes formaban una parte desproporcionada en las economías de sus países de origen. Lo peor es que muchos de los emigrantes trabajaban en la industria de la construcción que es el sector más afectado por la recesión. Por eso, la cantidad de las remesas destinadas a América Latina empezó a disminuir, después de varios años de crecimiento.
A pesar de que la recesión ya comenzó en los Estados Unidos, los impactos se sentirán más profundamente en países como El Salvador, donde la contribución de las remesas a la economía es tan grande. Según el artículo de IPS, las remesas representaron 17,1 por ciento del producto interno bruto del país en 2008, el nivel más elevado de cualquier país del continente. En comparación, la dependencia de los Estados Unidos de la industria más afectada, la construcción, forma solamente un 4,8 por ciento del PIB del país. Además, la mayoría de países pobres como El Salvador no tiene un sistema de beneficios sociales que pueda reducir los efectos negativos de la crisis.
Otro factor que empeora los efectos de la recesión global en El Salvador es su dependencia del mercado estadounidense, el cual constituyó 51% de sus exportaciones en 2008. Además, la aversión al riesgo en el mercado financiero podría restringir el acceso al capital de los negocios salvadoreños, especialmente porque el país depende enormemente de los inversionistas extrajeros, como lo indica la deuda externa del país, la cual suma $9.5 mil millones, es decir un 42 por ciento del PIB. Afortunadamente, la deuda gubernamental salvadoreña no es muy grande en comparación con la de otros países y, por eso, el país tiene la capacidad fiscal de estimular la economía. El gobierno podría seguir el ejemplo de los Estados Unidos que recientemente aprobó La Ley de Recuperación y Reinversión de América que proveerá $787 mil millones para ayudar a la gente pobre y desempleada y también para promover la inversión infraestructural.
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